Por Aldo Hernán Zanabria Gálvez
Cada vez que se menciona el fenómeno de El Niño, la preocupación vuelve a instalarse entre las familias puneñas. Agricultores, ganaderos y comunidades altoandinas saben que el clima ya no responde como antes. Las lluvias llegan cuando no se esperan, las heladas aparecen con mayor intensidad y los periodos secos parecen prolongarse más de lo habitual. Sin embargo, la verdadera pregunta no es si El Niño llegará nuevamente, sino si realmente estamos preparados para enfrentar cualquier evento climático extremo.
Las recientes declaraciones del especialista de la Dirección Zonal 13 del SENAMHI, Claudio Ramos Vera, deberían llevarnos a una profunda reflexión. Aunque los pronósticos climáticos para los próximos meses se mantienen dentro de parámetros considerados normales, la principal debilidad de nuestra región continúa siendo la misma: la falta de prevención y de inversiones sostenidas para reducir nuestra vulnerabilidad.
Existe una idea muy difundida de que cada sequía en el altiplano es consecuencia directa del fenómeno de El Niño. La ciencia demuestra que esta afirmación no siempre es correcta. El propio Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) explica que la relación entre El Niño y las precipitaciones en la sierra sur es mucho más compleja que en la costa peruana, donde sus efectos suelen ser más evidentes. En el altiplano intervienen múltiples factores atmosféricos y oceánicos que determinan el comportamiento de las lluvias y las temperaturas (SENAMHI, 2026).
Pero hay algo que sí resulta innegable: el cambio climático está modificando nuestros patrones naturales. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, 2023) advierte que el calentamiento global incrementa la frecuencia e intensidad de eventos extremos, afectando especialmente a regiones de montaña como los Andes. Esto significa que los agricultores ya no pueden depender únicamente del conocimiento tradicional para planificar sus campañas agrícolas; hoy necesitan información científica, sistemas de alerta temprana y políticas públicas que acompañen esa adaptación.
En Puno conocemos muy bien el valor del agua. Nuestros antepasados construyeron waru waru, qochas y otros sistemas hidráulicos que durante siglos permitieron aprovechar cada gota de lluvia. Paradójicamente, en pleno siglo XXI seguimos discutiendo proyectos de pequeñas represas, riego tecnificado y siembra y cosecha de agua que avanzan con demasiada lentitud. La naturaleza no espera los tiempos de la burocracia.
No basta con elaborar planes de gestión del riesgo si estos permanecen archivados. La prevención requiere presupuesto, liderazgo político y continuidad técnica. Cada sol invertido antes de una emergencia representa miles de soles ahorrados en reconstrucción, además de evitar pérdidas humanas, económicas y ambientales. Así lo reconoce la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR, 2023), que sostiene que la inversión preventiva es una de las estrategias más rentables para enfrentar los efectos del cambio climático.
También debemos reconocer el enorme esfuerzo de nuestros productores agropecuarios. Son ellos quienes primero perciben los cambios del clima, adaptan sus prácticas y transmiten un conocimiento construido durante generaciones. Integrar esa experiencia con la información científica producida por el SENAMHI constituye una de las mejores herramientas para fortalecer la seguridad alimentaria de la región.
El futuro de Puno no dependerá únicamente de si ocurre o no un nuevo fenómeno de El Niño. Dependerá, sobre todo, de nuestra capacidad para prepararnos con anticipación. La resiliencia no se construye durante la emergencia; se construye todos los días mediante planificación, educación ambiental, investigación científica, gestión eficiente del agua e inversión pública responsable.
Puno posee enormes fortalezas: un valioso conocimiento ancestral, instituciones científicas, universidades y profesionales comprometidos con el desarrollo regional. Lo que hace falta es convertir ese conocimiento en políticas sostenibles y en acciones concretas. Esperar a que llegue el próximo evento extremo para recién reaccionar sería repetir una historia que ya conocemos demasiado bien.
Porque el verdadero desafío no es vencer a la naturaleza. El desafío es aprender a convivir con ella de manera inteligente, responsable y sostenible.
Referencias
Intergovernmental Panel on Climate Change. (2023). Climate Change 2023: Synthesis Report. https://www.ipcc.ch/report/ar6/syr/
Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. (2023). Global Assessment Report on Disaster Risk Reduction 2023. https://www.undrr.org
Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú. (2026). Perspectivas climáticas y monitoreo estacional del Perú. https://www.gob.pe/senamhi
Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN). (2026). Comunicados Oficiales sobre el estado del Fenómeno El Niño. https://www.gob.pe/enfen
https://orcid.org/0000-0003-3314-8768


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