05 noviembre 2026

¿El fin de la ingeniería de software o el inicio de una nueva era?


Una mirada crítica a la ingeniería agéntica, sus límites matemáticos, la evidencia experimental y las oportunidades de investigación desde Puno, Perú.

Introducción

Durante décadas, quienes nos dedicamos a la ingeniería de sistemas hemos aprendido que desarrollar software implica identificar problemas, comprender requerimientos, diseñar arquitecturas, implementar algoritmos, verificar resultados y mantener sistemas que evolucionan con las necesidades de las organizaciones.

Este proceso ha cambiado con el tiempo: desde los modelos tradicionales de desarrollo hasta las metodologías ágiles, las arquitecturas distribuidas y la computación en la nube. Sin embargo, la aparición de la inteligencia artificial generativa y, en particular, de los agentes basados en grandes modelos de lenguaje, está introduciendo una transformación que merece un examen riguroso.

Ya no hablamos solamente de herramientas que completan líneas de código, sino de sistemas capaces de interpretar objetivos, organizar actividades, utilizar herramientas, generar programas, ejecutar pruebas y revisar resultados.

En este contexto, revisé el artículo de Zhenfeng Cao (2026), cuya primera versión se tituló The End of Software Engineering: How AI Agents Are Fundamentally Restructuring the Software Paradigm. Su tesis resulta provocadora: la ingeniería de software estaría llegando al final del paradigma que la sostuvo durante más de medio siglo. La segunda versión, titulada Agentic Software: How AI Agents Are Restructuring the Software Paradigm, emplea una formulación más moderada.

Mi posición es que la ingeniería de software no está desapareciendo: está atravesando una transformación estructural que exige ampliar sus fundamentos, sus métodos de evaluación y sus responsabilidades profesionales.

En este artículo distingo las afirmaciones de Cao, los resultados de otras investigaciones y mis propias propuestas conceptuales. Se trata de una revisión crítica y una agenda de investigación, no de un estudio experimental original.

1. Del software tradicional a los sistemas agénticos

La ingeniería de software tradicional se ha construido sobre la creación y evolución de reglas, estructuras de datos, algoritmos y componentes. Con los agentes de inteligencia artificial, parte de las decisiones operativas puede tomarse en tiempo de ejecución mediante un modelo que interpreta objetivos, consulta información, utiliza herramientas y adapta acciones.

Imaginemos una institución universitaria que necesita analizar factores asociados al rendimiento académico. En un enfoque convencional podríamos desarrollar módulos de extracción de datos, transformación, modelamiento estadístico y visualización. En un enfoque agéntico, uno o varios agentes podrían coordinar parte de esas tareas a partir de objetivos y restricciones definidos por especialistas.

Sin embargo, esta posibilidad no elimina la necesidad de requisitos, arquitectura, seguridad, calidad de datos ni validación estadística. Modifica la distribución de actividades entre humanos y sistemas computacionales. Los trabajos de Wang et al. (2025) y Yao et al. (2023) ayudan a comprender las funciones de percepción, memoria, acción y utilización de herramientas en esta transición.

2. ¿Realmente estamos ante el fin de la ingeniería de software?

La pregunta parece asumir que la esencia de nuestra profesión consiste en escribir código. Considero que esa premisa es incorrecta. La ingeniería de software incluye especificación, diseño, construcción, pruebas, mantenimiento, gestión del riesgo y aseguramiento de calidad.

La llegada de lenguajes de alto nivel, frameworks, servicios en la nube y herramientas de automatización no eliminó la disciplina. Elevó los niveles de abstracción y transformó las competencias profesionales. La aparición de agentes introduce un cambio más profundo, porque automatiza también determinadas decisiones del proceso.

Pero automatizar actividades no equivale a eliminar la necesidad de gobernarlas. Una universidad puede utilizar agentes para desarrollar un sistema de matrícula, aunque seguirá necesitando garantizar integridad de registros, privacidad, disponibilidad y cumplimiento normativo.

Por ello, resulta más defendible hablar de una ingeniería de software asistida, coordinada y parcialmente ejecutada por agentes que de su desaparición.

3. Evidencia experimental: avances, límites y desafíos

Benchmarks como SWE-bench han permitido medir la capacidad de los modelos para resolver incidencias reales de repositorios públicos (Jimenez et al., 2024). Sin embargo, una puntuación elevada no demuestra automáticamente capacidad de despliegue seguro o mantenimiento sostenido. Durante 2026 se publicaron cuestionamientos metodológicos a SWE-bench Verified, incluidos problemas de contaminación y de adecuación de las pruebas (OpenAI, 2026; Epoch AI, 2026).

Es necesario distinguir entre resolver una incidencia aislada, integrar una modificación y mantener un sistema durante múltiples iteraciones.

>80 %Resultado general informado para tareas aisladas en la comparación citada.
≤38 %Máximo resultado general informado en escenarios de evolución continua.

En EvoClaw, difundido posteriormente como SWE-Milestone, Deng et al. (2026) analizaron el comportamiento de modelos y marcos agénticos en secuencias de desarrollo. Los resultados expusieron dificultades para conservar el contexto, evitar la propagación de errores y prevenir regresiones. Estas cifras pertenecen a condiciones específicas del estudio; no deben interpretarse como tasas universales de rendimiento.

También se han comunicado mejoras notables de coordinación multiagente en experiencias empresariales, como las presentadas por Kumar y Ramagopal (2026). Sin embargo, los pilotos de proveedores requieren contrastación independiente antes de formular conclusiones generalizables.

Resolver correctamente una tarea no equivale a garantizar el funcionamiento de un sistema durante meses o años. La autonomía operativa no es sinónimo de confiabilidad sostenida.

4. Una corrección matemática necesaria

La primera versión de Cao plantea que la complejidad de las interacciones entre componentes sigue una expresión de la forma:

Pero el razonamiento que acompaña esa expresión considera las posibles relaciones entre pares de componentes. Si tenemos n componentes, el máximo número de pares no ordenados es:

Si cada par puede estar conectado o no, el número de grafos simples no dirigidos etiquetados posibles es:

Esta función no es asintóticamente equivalente a 2n. Además, contar configuraciones posibles de dependencias no es lo mismo que contar caminos de interacción, ni demuestra por sí solo que el coste real de desarrollar software tenga el mismo orden de crecimiento.

Comparación de expresiones matemáticas
Componentes (n)2n2n(n−1)/2
388
41664
5321.024
66432.768
101.02434.359.738.368

Para sostener rigurosamente una afirmación sobre costes exponenciales de mantenimiento sería necesario definir una función de esfuerzo, supuestos sobre dependencias y evidencia que conecte el modelo con observaciones reales. Tampoco es suficiente representar la capacidad humana como una constante y asumir que los modelos agénticos aumentarán su desempeño sin restricciones.

5. Mi propuesta: hacia una ingeniería agéntica verificable

Considero necesario avanzar hacia una ingeniería agéntica verificable: una línea de investigación que combine autonomía computacional, evaluación sistemática y gobernanza. El término se utiliza aquí como propuesta conceptual que requiere validación, no como una disciplina experimentalmente establecida.

Propongo representar un sistema agéntico de forma ampliada:

  • L: modelo de lenguaje o motor de decisión.
  • T: herramientas, APIs y servicios.
  • M: memoria y recuperación de contexto.
  • P: planificación y coordinación.
  • V: verificación de resultados.
  • G: gobernanza, seguridad y límites de actuación.

En términos de optimización, una política de actuación π podría evaluarse mediante la siguiente función objetivo conceptual:

Donde Q es calidad, C coste, R riesgo y λ y μ ponderaciones de las prioridades institucionales. Para una evaluación experimental deberán definirse escalas comparables, reglas de medición y restricciones explícitas.

La utilidad de este planteamiento consiste en evitar que la autonomía se mida solo por la cantidad de tareas completadas. Un sistema que produce resultados rápidos, pero inseguros o difíciles de mantener, puede no ser superior. La importancia de incorporar controles de riesgo también se encuentra en los enfoques de gestión propuestos por NIST (2024) e ISO/IEC 42001:2023.

6. ¿Cómo investigar científicamente la ingeniería agéntica?

Propongo comparar tres enfoques bajo tareas, repositorios y criterios de aceptación equivalentes:

  1. Desarrollo convencional: los ingenieros realizan análisis, diseño, implementación, pruebas y mantenimiento con herramientas tradicionales.
  2. Desarrollo asistido por IA: los ingenieros conservan la dirección principal y utilizan modelos generativos como apoyo.
  3. Desarrollo agéntico supervisado: los agentes ejecutan tareas con mecanismos de trazabilidad, verificación y autorización humana.
Indicadores propuestos para un estudio comparativo
DimensiónIndicador verificable
EfectividadPorcentaje de tareas aceptadas por pruebas independientes.
ProductividadTiempo por tarea aceptada.
CalidadDefectos por unidad funcional entregada.
MantenibilidadRegresiones y cambios correctivos en iteraciones sucesivas.
CosteCoste total por tarea validada.
SeguridadIncidentes o violaciones de restricciones por ejecución.
AutonomíaProporción de tareas completadas sin intervención humana.
ConfiabilidadÉxito acumulado durante secuencias de cambios.

Un estudio riguroso tendría que controlar dificultad, experiencia de los participantes, familia de modelos, infraestructura y criterios de evaluación; además, reportar variabilidad e intervalos de confianza.

Hipótesis propuesta: los sistemas agénticos supervisados pueden mejorar la productividad del desarrollo de software, pero el efecto dependerá de la complejidad de las tareas, los mecanismos de verificación y la preservación del contexto a lo largo del tiempo.

Esta hipótesis aún no constituye una conclusión experimental propia.

7. El desafío de las universidades

Como docente universitario considero que esta transformación obliga a revisar nuestras prácticas formativas. Los conocimientos de algoritmos, estructuras de datos, arquitectura, bases de datos, sistemas distribuidos y seguridad siguen siendo esenciales.

Un estudiante capaz de generar programas mediante un modelo, pero incapaz de explicar su complejidad, identificar fallos o verificar su corrección, no dispone de una formación suficiente en ingeniería.

Debemos enseñar a construir y auditar sistemas agénticos, sin reemplazar el pensamiento computacional por la dependencia de respuestas automáticas. En la Universidad Nacional del Altiplano y otras instituciones del país podemos impulsar laboratorios donde se comparen soluciones convencionales, asistidas y agénticas con protocolos reproducibles.

El objetivo debe ser formar profesionales que sepan decidir qué automatizar, cómo verificarlo y cuándo una decisión requiere necesariamente intervención humana.

8. Oportunidades de investigación aplicada desde Puno

Puno no debe limitarse a observar esta transformación. Podemos estudiar aplicaciones pertinentes para nuestras instituciones y sectores productivos:

  • Educación: agentes de apoyo a la evaluación formativa y la gestión académica, con supervisión docente.
  • Empresas: automatización de análisis comercial, procesos administrativos y reportes para pequeñas organizaciones.
  • Gestión pública: revisión documental y seguimiento de procedimientos, sin reemplazar la responsabilidad de los funcionarios.
  • Ambiente: coordinación de análisis geoespacial, imágenes satelitales y generación de reportes técnicos verificables.

Son oportunidades de investigación, no soluciones ya certificadas para operar sin supervisión. Precisamente por ello, requieren datos locales, restricciones claras y evaluación empírica. El reto consiste en producir conocimiento replicable y tecnología útil para nuestro contexto.

9. El modelo económico: del software como servicio al resultado como servicio

La propuesta de Agent as a Service (AaaS) desplaza la atención desde el acceso a funcionalidades hacia la entrega de resultados. Esto abre posibilidades de cobrar por incidencias resueltas, procesos completados o servicios efectivamente prestados.

Pero los resultados de negocio no siempre pueden atribuirse directamente a un agente: intervienen decisiones humanas, condiciones de mercado y factores externos. Además, existen costes de inferencia, herramientas, almacenamiento, validación, supervisión y recuperación de errores.

En consecuencia, cualquier comparación económica debería medir el beneficio neto, el coste total de propiedad y los riesgos asumidos, y no únicamente la velocidad aparente de ejecución.

10. Reflexión final: el ingeniero del futuro no debe renunciar a comprender

Después de examinar las propuestas de Cao y contrastarlas con las investigaciones recientes, considero que estamos ante una transformación profunda del desarrollo de software. Sin embargo, persiste una diferencia importante entre generar código, entregar una funcionalidad y mantener un sistema confiable durante años.

Esta distancia no se resolverá solamente con modelos más grandes o con mayor cantidad de agentes. Necesitamos arquitectura, verificación, gestión de memoria, seguridad, observabilidad, investigación experimental y responsabilidad profesional.

El ingeniero del futuro deberá formular problemas con precisión, diseñar sistemas, interpretar evidencia y responder por las decisiones técnicas. La rapidez de implementación será valiosa, pero no podrá sustituir la comprensión.

No estamos ante el fin de la ingeniería de software. Estamos ante el inicio de una etapa en la que producir código dejará de ser suficiente para demostrar competencia profesional.

La verdadera diferencia estará en quién comprende el problema, quién demuestra la calidad de la solución y quién asume la responsabilidad de su funcionamiento. Desde Puno, Perú, considero que debemos participar activamente en esta transformación mediante formación, investigación y desarrollo tecnológico con resultados verificables.

Referencias bibliográficas

  1. Autio, C., et al. (2024). Artificial intelligence risk management framework: Generative artificial intelligence profile (NIST AI 600-1). National Institute of Standards and Technology. https://doi.org/10.6028/NIST.AI.600-1
  2. Cao, Z. (2026). The end of software engineering: How AI agents are fundamentally restructuring the software paradigm (versión 1). arXiv. https://arxiv.org/abs/2606.05608v1
  3. Cao, Z. (2026). Agentic software: How AI agents are restructuring the software paradigm (versión 2). arXiv. https://arxiv.org/abs/2606.05608v2
  4. Deng, G., et al. (2026). EvoClaw: Evaluating AI agents on continuous software evolution [Prepublicación, posteriormente difundida como SWE-Milestone]. arXiv. https://arxiv.org/abs/2603.13428
  5. Epoch AI. (2026). SWE-bench Verified: Benchmark review. https://epoch.ai/benchmarks/swe-bench-verified/review
  6. International Organization for Standardization & International Electrotechnical Commission. (2023). Information technology — Artificial intelligence — Management system (ISO/IEC 42001:2023). https://www.iso.org/standard/42001
  7. Jimenez, C. E., et al. (2024). SWE-bench: Can language models resolve real-world GitHub issues? International Conference on Learning Representations. https://openreview.net/forum?id=VTF8yNQM66
  8. Kumar, R., & Ramagopal, P. (2026). Agentic engineering: How swarms of AI agents are redefining software engineering. LangChain. Artículo de LangChain
  9. OpenAI. (2026). Why we no longer evaluate SWE-bench Verified. Artículo y auditoría
  10. Wang, Y., et al. (2025). Agents in software engineering: Survey, landscape, and vision. Automated Software Engineering, 32, artículo 70. https://doi.org/10.1007/s10515-025-00544-2
  11. Yao, S., et al. (2023). ReAct: Synergizing reasoning and acting in language models. International Conference on Learning Representations. https://arxiv.org/abs/2210.03629
Nota metodológica. Artículo de análisis crítico y reflexión académica basado en revisión documental, contraste de fuentes y formulación conceptual. No presenta resultados experimentales propios. La ampliación del modelo agéntico y las métricas propuestas son líneas de investigación que requieren validación empírica.


28 octubre 2026

Tres sumas por segundo: lo que una vieja computadora nos enseña sobre la nuestra

Del quipu al teléfono inteligente, un recorrido con datos para entender cuánto hemos avanzado y qué ideas siguen siendo las mismas.

Hace unos días, preparando una clase de introducción a la computación, me detuve en una cifra que había leído muchas veces sin prestarle atención: la Harvard Mark I, una de las primeras computadoras de la historia, hacía tres sumas por segundo. Tres. Cada multiplicación le tomaba unos seis segundos.

Medía dieciséis metros de largo y pesaba más de cuatro toneladas. En 1944 fue una maravilla de la ingeniería, y hoy cualquier teléfono que llevamos en el bolsillo hace del orden de miles de millones de operaciones por segundo. La distancia entre una cifra y otra es tan grande que cuesta imaginarla, así que hice un ejercicio sencillo con mis estudiantes: calcular cuánto tardaría cada máquina en hacer un millón de sumas.

Máquina Sumas por segundo Tiempo para un millón de sumas
Harvard Mark I (1944) 3 casi 4 días
ABC de Atanasoff y Berry (1942) 30 más de 9 horas
ENIAC (1945) 5 000 3 minutos y 20 segundos
Un teléfono actual del orden de 3 000 millones menos de un milisegundo

Lo que tu teléfono resuelve mientras parpadeas, la Mark I lo habría terminado el fin de semana.

Antes de la velocidad, una idea

Pero lo que más me interesa de esta historia no es la velocidad. Es una idea que aparece mucho antes que la electricidad: la diferencia entre guardar datos y seguir un procedimiento.

El ábaco, que suele abrir los libros de historia, guarda números en la posición de sus cuentas, pero no decide nada; los pasos del cálculo los hace la persona que lo usa. Por eso, en sentido estricto, el ábaco es memoria sin control. Toda la historia de la computación puede leerse como el esfuerzo por trasladar el procedimiento de la cabeza del operador a la máquina.

Y aquí, desde Puno, hay algo que me parece importante decir: esa historia también pasa por los Andes.

Nudos que guardan números

El Imperio inca administró un territorio inmenso sin escritura alfabética. Su sistema de registro fue el quipu: cuerdas de algodón o lana anudadas, colgando de un cordón principal. Los khipukamayuq registraban en ellas censos, tributos e inventarios.

Lo notable es cómo lo hacían. El quipu usa un sistema posicional en base diez, igual que el nuestro: la distancia del nudo al cordón indica si vale millares, centenas o decenas, y en las unidades se usan nudos largos cuyo número de vueltas marca la cifra. Una posición vacía vale cero. Es decir, los incas representaban el cero con la ausencia, una solución elegante y nada trivial.

El quipu, sin embargo, no servía para calcular. Las operaciones se hacían, según la hipótesis más aceptada, en un tablero llamado yupana, del quechua yupay, contar. Desde comienzos del siglo XX se han propuesto cerca de quince métodos para explicar cómo funcionaba, y el debate sigue abierto.

Memoria por un lado, cálculo por otro. Cinco siglos antes de la primera computadora electrónica, en estas tierras ya se separaba el almacenamiento del procesamiento. 

Un genio adelantado a su tecnología

En Inglaterra, en el siglo XIX, Charles Babbage diseñó una máquina para producir tablas numéricas sin errores. Su truco era matemático: si tomas los cuadrados 0, 1, 4, 9, 16, las diferencias entre ellos (1, 3, 5, 7) aumentan siempre en 2. Con ese dato, cada nuevo cuadrado se obtiene solo sumando. Ni una multiplicación.

Babbage nunca vio su máquina terminada, y durante más de un siglo nadie supo si habría funcionado. En 1991, el Museo de Ciencias de Londres la construyó siguiendo sus planos originales, y funcionó. La idea era correcta; lo que faltaba era la tecnología para fabricarla.

Algo parecido le pasó a Ada Lovelace, que en 1843 publicó un procedimiento detallado para que otra máquina de Babbage calculara los números de Bernoulli. Se considera el primer programa de la historia, escrito para un equipo que nunca existió.

¿Quién inventó la computadora?

Esta pregunta terminó en un tribunal. Los creadores de la ENIAC habían patentado su invento, y la empresa que tenía la patente cobraba regalías a toda la industria. En el juicio salió a la luz que uno de ellos, John Mauchly, había visitado en 1941 a John Atanasoff y había visto funcionar la ABC. En 1973 un juez declaró inválida la patente y le dio la prioridad a Atanasoff.

Los historiadores, sin embargo, siguen discutiendo. La ABC fue la primera en usar aritmética binaria y cálculo electrónico, pero solo resolvía sistemas de ecuaciones y no era programable. La ENIAC era decimal, enorme y difícil de reprogramar, pero funcionó durante años y resolvió problemas reales. Mi conclusión, la que comparto con mis estudiantes, es que la pregunta está mal planteada: la computadora no tuvo un inventor, tuvo muchos.

La ley que se cumplió durante medio siglo

En 1971, el primer microprocesador de Intel tenía 2 300 transistores. Si duplicamos esa cifra cada dos años, como propone la ley de Moore, para 2022 deberíamos tener alrededor de cien mil millones. El Apple M1 Ultra de ese año tiene 114 mil millones. Pocas predicciones tecnológicas se han cumplido con tanta precisión durante tanto tiempo.

Y el Perú

Esta historia casi siempre se cuenta desde Estados Unidos y Europa, pero la región tiene su capítulo. México instaló la primera computadora de América Latina en 1958, en la UNAM. Chile recibió la suya en 1961. En el Perú, la Universidad Nacional de Ingeniería inauguró en 1964 el primer centro de cómputo del país, con una IBM 1620.

Me gusta ese dato: la primera computadora peruana llegó a una universidad pública.

Lo que me llevo

Cuando reviso esta genealogía, lo que me queda no es la velocidad de los chips. Es que las ideas importantes llegaron casi siempre antes que la tecnología capaz de llevarlas a la práctica. Los khipukamayuq administraban un imperio con nudos. Babbage diseñó una máquina que se construyó siglo y medio después. Lovelace programó para un equipo inexistente.

Hoy, con la inteligencia artificial, vivimos algo parecido pero al revés: la tecnología avanza tan rápido que las ideas sobre cómo usarla bien, gobernarla y distribuir sus beneficios llegan tarde. Quizá esa sea la lección más útil de esta historia.

Y una invitación a mis colegas y estudiantes: se conocen unos 870 quipus en museos de todo el mundo, y muchos todavía no se han descifrado. Con las herramientas de ciencia de datos que tenemos hoy, ¿no es esa una investigación que podría salir del Altiplano?


Aldo Hernán Zanabria Gálvez es docente e investigador en la Universidad Nacional del Altiplano, Puno.

11 septiembre 2026

LOS LURIGUAYOS DE YUNGUYO: UNA TRADICIÓN QUE VUELVE A FLORECER

 


Los Luriguayos de Yunguyo son una hermosa expresión de nuestra cultura aimara que hoy vuelve a cobrar fuerza entre las nuevas generaciones. No estamos hablando de una danza recién creada, sino de una tradición con varias décadas de presencia documentada y con raíces culturales mucho más antiguas en los pueblos aimaras de la provincia de Yunguyo, Puno.


Una de las referencias históricas difundidas sobre esta danza señala que hacia 1958 los Luriguayos llegaron a Tacna, llevados principalmente por migrantes provenientes de Ollaraya y Yunguyo. Aquella primera presencia habría sido todavía pequeña. Posteriormente, a comienzos de la década de 1980, una segunda generación retomó con mayor fuerza su práctica y comenzaron a formarse nuevos grupos en esa ciudad. Estos datos aparecen en recopilaciones culturales sobre la historia de los Luriguayos en Tacna, aunque todavía sería importante profundizar su corroboración mediante archivos históricos y testimonios de los propios portadores de la tradición.

Lo que sí podemos comprobar mediante documentación oficial es que esta danza continúa plenamente vigente en su tierra de origen. El 29 de enero de 2024, la Municipalidad Provincial de Yunguyo aprobó un apoyo de S/ 7,500 para que los Luriguayos Fraternidad Cultural Los Compadres de Yunguyo participaran en el Concurso de Danzas Originarias de la Festividad Virgen de la Candelaria, realizado el 3 de febrero de 2024 en Puno.

Ese mismo año también fue reconocido el trabajo de la Asociación Cultural de Luriguayos Auténticos Rivales de Aychuyo – Yunguyo, demostrando que esta manifestación mantiene una organización cultural activa dentro de la provincia.

Y la historia continúa. El 27 de enero de 2026, el Concejo Municipal de Yunguyo volvió a aprobar apoyo económico para los Luriguayos Fraternidad Cultural Los Compadres de Yunguyo y para los Luriguayos Auténticos Rivales de Aychuyo, con motivo de su participación en la Festividad Virgen de la Candelaria 2026.

Por eso, cuando hoy vemos a tantos jóvenes interpretar esta danza en carnavales, concursos y diferentes escenarios, no estamos presenciando el nacimiento de una nueva expresión cultural. Estamos viendo algo quizá más importante: la revaloración de una tradición que las nuevas generaciones están aprendiendo, fortaleciendo y llevando nuevamente a grandes escenarios.

La juventud no está reemplazando nuestra cultura; está ayudando a mantenerla viva.

Que sigan sonando los moseños.
Que sigan danzando nuestros jóvenes.
Que los Luriguayos continúen pasando de generación en generación.

¡Que viva Yunguyo!
¡Que viva nuestra cultura aimara!
¡Que viva Puno!

Referencias:
• Municipalidad Provincial de Yunguyo. Acuerdo de Concejo N.° 007-2024-CM/MPY, 29 de enero de 2024.
• Municipalidad Provincial de Yunguyo. Información institucional sobre apoyo a conjuntos culturales para la Candelaria 2026, 27 de enero de 2026.
• Perú Arte Andino. Danza Luriguayos de Tacna, recopilación cultural publicada en 2017.
• Registros y programas de participación de conjuntos originarios de la Festividad Virgen de la Candelaria.

#Luriguayos #Yunguyo #Ollaraya #Aychuyo #Puno #Tacna #CulturaAymara #Candelaria #FolklorePuneño #IdentidadCultural #MiPuno

09 septiembre 2026

Lampa, memoria viva de la historia puneña

 Hay lugares de nuestra región que uno no solamente visita, sino que también los siente. Lampa es uno de ellos. Caminar por sus calles, observar sus antiguas construcciones, su templo, sus casonas y recordar a los personajes que nacieron allí es también recorrer una parte importante de la historia de Puno.





Conocida como la Ciudad Rosada, Lampa conserva todavía esa imagen de una ciudad que en otros tiempos tuvo una presencia importante dentro de la vida económica, social y cultural del altiplano. Su ubicación la convirtió durante muchos años en parte de las rutas que articulaban diferentes espacios del sur peruano. Con el paso del tiempo, sin embargo, la aparición de nuevos ejes de transporte y comercio fue modificando la importancia relativa de las antiguas ciudades puneñas.

Uno de esos grandes cambios estuvo relacionado con el desarrollo del ferrocarril en el altiplano durante el siglo XIX. La expansión ferroviaria permitió conectar Puno con otras regiones y facilitó el transporte de mercancías, minerales y productos agrícolas, transformando profundamente la dinámica económica regional. Investigaciones sobre la historia ferroviaria puneña muestran que este proceso produjo importantes cambios sociales y económicos, aunque sus beneficios no se distribuyeron de manera uniforme entre todas las localidades.

Con el crecimiento de otros centros articulados directamente al ferrocarril, especialmente Juliaca, las antiguas rutas comerciales fueron cambiando. La llegada del tren a Juliaca en 1873 fue uno de los factores que posteriormente contribuyeron a convertirla en uno de los grandes centros comerciales del departamento.

Pero hablar de Lampa también es hablar de sus grandes personajes.

Enrique Torres Belón, un puneño que dejó huella

Uno de los hijos más recordados de esta tierra fue Enrique Torres Belón, ingeniero y político puneño cuya trayectoria llegó hasta las más altas esferas de la representación nacional.

Fue diputado y posteriormente senador, y el 27 de julio de 1957 fue elegido presidente del Senado de la República, responsabilidad desde la cual participó activamente en la vida política del país. Los registros oficiales del Congreso de la República confirman que ejerció la Presidencia del Senado durante la legislatura de 1957.

Su nombre permanece especialmente unido a Puno. La documentación histórica del Congreso señala que contribuyó a la construcción del estadio de piedra de la ciudad de Puno, infraestructura que posteriormente recibió su nombre en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con nuestra región. Por ello, hasta nuestros días hablamos orgullosamente del Estadio Enrique Torres Belón, uno de los escenarios deportivos más representativos de nuestra ciudad.

Pero su vínculo con Lampa fue también profundo. Una muestra de ello fue la donación de su biblioteca particular, compuesta por aproximadamente 8 000 volúmenes, a la Municipalidad de Lampa. Ese gesto permite comprender que su preocupación no solamente estaba vinculada con las obras materiales, sino también con la educación y la cultura de su tierra.

Lampa también es tierra de artistas

Esta hermosa provincia no solamente ha entregado políticos e intelectuales a nuestra historia. También es tierra de uno de los grandes representantes de la pintura peruana: Víctor Humareda Gallegos, nacido en Lampa el 6 de marzo de 1920.

Humareda desarrolló una obra profundamente personal, vinculada al expresionismo y caracterizada por personajes, ambientes y escenas urbanas que terminaron convirtiéndolo en una de las figuras más singulares de la plástica peruana del siglo XX. La Municipalidad Provincial de Lampa continúa recordándolo como uno de sus hijos ilustres.

Su trayectoria demuestra que desde una pequeña ciudad del altiplano también se puede llegar a ocupar un lugar importante dentro de la historia cultural del Perú.

Una ciudad que guarda nuestros recuerdos

Quizás por eso cada vez que uno llega a Lampa siente algo especial.

Sus calles parecen guardar historias de diferentes generaciones. Allí están los recuerdos de nuestros padres, nuestros abuelos y de tantos puneños que alguna vez llegaron, estudiaron, comerciaron, trabajaron o simplemente pasaron por esta histórica ciudad.

Lampa representa también algo que debemos aprender a valorar mucho más: la memoria de nuestras antiguas ciudades puneñas.

El desarrollo económico no siempre favorece de la misma manera a todos los territorios. Las carreteras, los ferrocarriles, los mercados y posteriormente las nuevas formas de comunicación pueden hacer crecer rápidamente algunas ciudades mientras otras pierden protagonismo. Sin embargo, perder importancia económica nunca debe significar perder nuestra memoria histórica.

Allí está precisamente el enorme valor que hoy puede tener Lampa.

Su arquitectura, sus personajes, su patrimonio religioso, sus tradiciones y su paisaje podrían convertirse cada vez más en herramientas de desarrollo cultural y turístico. Tenemos una responsabilidad con estas ciudades históricas: conocerlas, investigarlas, preservarlas y enseñarlas a las nuevas generaciones.

Porque un pueblo que conoce la historia de su tierra también comprende mejor quién es y hacia dónde quiere avanzar.

Lampa fue importante ayer, continúa siendo importante hoy y debe seguir formando parte del futuro de Puno.

Que nunca olvidemos a nuestros pueblos ni a los hombres y mujeres que ayudaron a construir nuestra historia.

¡Que viva Lampa!

¡Que viva nuestra historia puneña!

¡Que viva Puno!

— Aldo Zanabria

06 septiembre 2026

Más allá del «statu quo»: ¿Qué futuro construimos desde Puno?

 El análisis político nacional suele girar en torno a etiquetas y constantes inamovibles. Cuando titulares como el de La República recogen frases del politólogo Alberto Vergara señalando que ciertas figuras políticas «encarnan el statu quo», el debate puede parecer distante de nuestra realidad cotidiana en el altiplano. Sin embargo, al aterrizar la discusión en nuestra región, la pregunta sobre qué significa el statu quo se vuelve sumamente concreta: es la persistencia de brechas estructurales, la dependencia crónica de las decisiones tomadas desde Lima y la repetición cíclica de problemas que ningún gobierno de turno termina de resolver.

Si analizamos nuestra realidad territorial, Puno conoce de cerca esta inercia. A pesar de contar con un enorme potencial productivo, cultural y humano, la región históricamente ha lidiado con desafíos complejos de desarrollo socioeconómico. Diagnósticos territoriales e informes académicos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coinciden en que superar los desequilibrios regionales requiere dejar de ver al territorio como un mero receptor pasivo de políticas nacionales y convertirlo en un agente activo de desarrollo.



Los retos estructurales de nuestra región

Los datos reflejan una realidad que exige acción. Estudios sobre el impacto de la educación y el capital humano en el sur andino demuestran que el nivel de instrucción de la Población Económicamente Activa (PEA) y la formalización productiva son variables determinantes para reducir la vulnerabilidad económica. Puno desborda ventajas comparativas innegables:

  • Diversidad productiva y agropecuaria: Producción de quinua, café, fibra de alpaca, lácteos y trucha con reconocimiento internacional.

  • Turismo y patrimonio vivo: Una riqueza milenaria anclada en el lago Titicaca, festividades, arqueología y tradiciones únicas.

  • Posición geopolítica estratégica: Un dinámico comercio fronterizo y corredores turísticos y comerciales de gran relevancia andina.

Sin embargo, gran parte de estas actividades sigue operando con bajos niveles de transformación industrial, escasa adopción tecnológica y una comercialización tradicional que limita la generación de valor agregado. Continuamos exportando materias primas en lugar de consolidar marcas con identidad y trazabilidad.

De la queja institucional a la disrupción productiva

Ante este escenario, quienes vivimos, trabajamos y emprendemos en Puno tenemos una disyuntiva clara: esperar que el panorama macroeconómico y político se alinee perfectamente desde la capital, o asumir un rol protagónico en la transformación de nuestra economía local.

La verdadera disrupción no pasa por replicar modelos ajenos, sino por potenciar nuestras capacidades mediante la innovación abierta, la asociatividad empresarial y el aprovechamiento de herramientas tecnológicas que hoy democratizan el acceso a mercados globales:

  1. Transformación digital con identidad: Herramientas de inteligencia artificial, analítica de datos, comercio electrónico y posicionamiento digital permiten que un artesano, un productor de quinua o un operador turístico lleguen directamente a compradores en Lima, Norteamérica o Europa sin intermediarios ineficientes.

  2. Articulación multisectorial: Es indispensable tender puentes sólidos entre las universidades públicas —como nuestra Universidad Nacional del Altiplano—, los gobiernos locales y el sector privado, impulsando investigación aplicada en tecnología agraria, gestión hídrica, turismo inteligente y mitigación climática.

  3. Ecosistemas de emprendimiento: Superar el aislamiento productivo y construir asociaciones modernas capaces de escalar soluciones a los problemas reales de nuestra sociedad.

El futuro se diseña desde el Altiplano

El statu quo a nivel nacional no tiene por qué convertirse en el destino inalterable de Puno. Reclamamos con firmeza inversión pública eficiente, instituciones sólidas y políticas descentralizadas justas; pero paralelamente, nos toca construir una nueva generación de empresarios, académicos y profesionales capaces de ver oportunidades donde antes solo veíamos trabas.

No podemos controlar las decisiones de la política centralista, pero sí podemos transformar radicalmente la forma en que producimos, investigamos, innovamos y competimos desde el corazón de los Andes. El futuro de Puno no se espera: se diseña con conocimiento, trabajo asociado y rebeldía creativa.

28 agosto 2026

Liolaemus yawar: una nueva especie que confirma cuánto nos falta conocer de la biodiversidad de Puno

 

Puno continúa revelándonos que su riqueza no se limita a su historia, su cultura o sus paisajes. También existe un patrimonio biológico que todavía conocemos de manera incompleta. La descripción formal de Liolaemus yawar, una nueva especie de lagartija de los Andes del sur del Perú, es una demostración concreta de ello. El hallazgo no es solamente llamativo por la intensa coloración rojiza de los machos adultos, sino por la solidez del trabajo científico que permitió reconocerla como un linaje evolutivo independiente.

Al revisar el artículo base, lo que más me interesa destacar es que estamos ante un resultado sustentado en taxonomía integrativa: morfología, escamación, mediciones corporales, estadística, ADN mitocondrial y filogenia fueron utilizados de manera conjunta. Ese enfoque aporta una precisión que considero indispensable cuando hablamos de biodiversidad y, sobre todo, cuando comunicamos ciencia a la ciudadanía.



Los datos que dimensionan el hallazgo

4 132 m

12

309

91,6 mm

Altitud de la localidad tipo

Ejemplares recolectados en 2013

Especímenes comparativos examinados

Longitud hocico-cloaca máxima

La localidad tipo se encuentra en la ruta entre Putina y Mina Rinconada, aproximadamente nueve kilómetros después de Señor de la Exaltación de Chipalca. El holotipo corresponde a un macho adulto recolectado a 4 132 metros de altitud. El trabajo de campo reunió 12 ejemplares: 5 machos, 4 hembras y 3 juveniles. Posteriormente, los autores compararon este material con 309 especímenes del grupo Liolaemus montanus depositados en colecciones científicas de Perú, Argentina y Bolivia.

De una población incierta a una especie nueva

La población había sido identificada provisionalmente como Liolaemus aff. forsteri. La pregunta científica era clara: ¿se trataba solamente de una variante geográfica o de una línea evolutiva independiente? Para resolverla, los investigadores no se limitaron a la apariencia externa. Registraron ocho caracteres merísticos relacionados con escamas y 17 caracteres morfométricos, es decir, 25 variables cuantificables entre conteos y medidas corporales.

Componente analizado

Cantidad

Finalidad

Caracteres merísticos

8

Comparar escamación

Caracteres morfométricos

17

Comparar tamaño y proporciones corporales

Total de variables morfológicas

25

Evaluación cuantitativa integrada

Especímenes comparativos

309

Contraste con especies del grupo L. montanus

El resultado fue especialmente claro en los machos: los análisis de componentes principales mostraron una separación respecto de las especies comparadas. Esto es importante porque la descripción no descansa en un solo rasgo llamativo, sino en patrones conjuntos de tamaño, proporciones y escamación.

El ADN aporta una segunda línea de evidencia

El componente molecular utilizó el gen mitocondrial citocromo b (cyt-b). La matriz filogenética incluyó 139 terminales correspondientes a 51 especies y 1 161 caracteres. El análisis bayesiano se ejecutó en dos corridas independientes de 50 millones de generaciones cada una, con valores de tamaño efectivo de muestra superiores a 200, un indicador de convergencia adecuada para los parámetros evaluados.

Indicador molecular

Valor reportado

Especies incluidas

51

Terminales

139

Caracteres moleculares

1 161

Corridas bayesianas

2

Generaciones por corrida

50 000 000

Marcador molecular

cyt-b

Las distancias genéticas frente a especies relacionadas oscilaron entre 5,44 % y 9,07 % en las comparaciones directas reportadas para la nueva especie. La menor distancia se observó frente a L. annectens (5,44 %) y la mayor frente a L. tacora (9,07 %). Estos valores, combinados con la evidencia morfológica y filogenética, reforzaron la hipótesis de que se trata de una especie independiente.

Figura 1. Distancias genéticas no corregidas (cyt-b) reportadas entre L. yawar y especies filogenéticamente relacionadas.

Una especie marcada por el color y por la historia andina

El nombre yawar proviene de la palabra quechua para “sangre” y alude a la coloración rojo sangre de los machos adultos, uno de los caracteres diagnósticos más visibles de la especie. El artículo también relaciona esta denominación con la memoria cultural andina y con Yawar Huaca, por lo que el nombre científico termina conectando biología, lengua e historia.

Morfológicamente, L. yawar es descrita como una lagartija robusta, con una longitud hocico-cloaca máxima de 91,6 mm. Las hembras presentan tonos grises a marrones y flancos con matices amarillentos, mientras que los juveniles muestran patrones propios de coloración. La diferenciación cromática, sin embargo, no se usa de manera aislada: forma parte de un conjunto diagnóstico más amplio.

¿Dónde vive y cuánto sabemos realmente de ella?

Hasta el momento, la especie es conocida únicamente por su localidad tipo, a 4 132 m s. n. m. Habita ambientes de pastizal andino y puna; es terrestre y se desplaza entre rocas medianas. Durante el trabajo de campo, varios individuos fueron observados refugiándose en madrigueras situadas en la base de piedras. Los autores presumen que es vivípara por su posición filogenética dentro del grupo L. montanus, pero reconocen que numerosos aspectos de su historia natural permanecen desconocidos.

Este punto es particularmente importante para comunicar el hallazgo con responsabilidad. El artículo no establece una categoría oficial de amenaza para L. yawar. Por ello, no corresponde afirmar que se encuentra “en peligro de extinción”. Lo correcto es señalar que su distribución conocida es, por ahora, extremadamente restringida y que se requieren nuevas expediciones para determinar su rango real, ecología y posibles amenazas.

Puno todavía tiene una biodiversidad subestimada

El propio estudio ofrece un contexto regional que merece atención. Para Puno, los autores mencionan registros de 38 especies de escamosos, de las cuales 19 son lagartijas. Dentro de ese conjunto, tres pertenecían al género Liolaemus y solo una al grupo L. montanus según el marco taxonómico discutido por los autores. Además, el artículo recuerda que en los siete años previos se habían descrito 12 especies de Liolaemus en el Perú, casi todas vinculadas al grupo L. montanus.

Indicador de contexto

Dato del estudio

Especies de escamosos registradas en Puno

38

Lagartijas registradas en Puno

19

Especies de Liolaemus mencionadas para Puno

3

Especies de Liolaemus descritas en Perú en los 7 años previos

12

Separación aproximada entre L. yawar y L. forsteri

> 200 km

A ello se suma un dato que considero especialmente relevante: la localidad de L. yawar está separada por más de 200 km de la distribución de L. forsteri considerada en la comparación. Los autores también señalan la existencia de poblaciones intermedias cuyo estatus taxonómico todavía no ha sido resuelto. En otras palabras, no es exagerado afirmar que los Andes del sur del Perú todavía podrían albergar diversidad no descrita.

Qué significa este descubrimiento para nosotros

Desde mi perspectiva, este trabajo debería leerse más allá de la descripción de una nueva lagartija. Nos recuerda que la investigación científica regional necesita continuidad, colecciones biológicas bien conservadas, trabajo de campo sostenido y colaboración entre instituciones. También demuestra el valor de combinar métodos tradicionales de taxonomía con genética, estadística y herramientas computacionales.

Puno tiene una oportunidad importante para fortalecer una agenda científica propia en biodiversidad. Hoy contamos con sistemas de información geográfica, imágenes satelitales, inteligencia artificial, visión computacional y modelos de distribución de especies que pueden complementar el trabajo de biólogos y taxónomos. La tecnología no reemplaza el conocimiento especializado; puede ampliarlo y acelerar nuestra capacidad para observar patrones, priorizar zonas de estudio y documentar cambios.

Por eso considero que L. yawar debe convertirse también en una invitación a mirar con mayor seriedad nuestro territorio. Conocer Puno no es solamente conocer sus danzas, su historia o el Titicaca. Es también investigar sus montañas, sus pastizales, sus bofedales y las especies que han evolucionado en condiciones extremas.

“No podemos proteger adecuadamente aquello que todavía no conocemos. Investigar la biodiversidad de Puno es también una forma de proteger nuestro territorio.”

Conclusión

La descripción de Liolaemus yawar es un resultado científico sólido y, al mismo tiempo, una noticia importante para Puno. La evidencia combinada de 25 variables morfológicas, comparaciones con 309 especímenes, una matriz molecular de 51 especies y distancias genéticas de hasta 9,07 % permitió demostrar que esta población altoandina constituye un linaje evolutivo independiente.

Pero el hallazgo también deja una pregunta abierta: ¿cuánto de nuestra biodiversidad regional todavía permanece sin describir? La respuesta exige más investigación. Y ese debería ser el mensaje central: Puno tiene una riqueza biológica extraordinaria que necesita ser conocida con evidencia, comunicada con responsabilidad y protegida con decisiones basadas en ciencia.

Fuente científica

Abdala, C. S., Laspiur, A., Aguilar-Kirigin, Á. J., Gutiérrez Poblete, R. C., Semhan, R. V., Paz, M. M., Quinteros, S. A., Cerdeña, J. A., Huamaní-Valderrama, L. D., Valladares-Faúndez, P., Esquerré, D., & Chaparro, J. C. (2026). Discovering hidden diversity: A new species of Liolaemus (Squamata: Liolaemidae) from the Peruvian highlands. Acta Zoológica Lilloana, 70(2), 649–688. DOI: https://doi.org/10.30550/j.azl/2503

URL de la revista consignada en el artículo: http://actazoologica.lillo.org.ar