Hay lugares de nuestra región que uno no solamente visita, sino que también los siente. Lampa es uno de ellos. Caminar por sus calles, observar sus antiguas construcciones, su templo, sus casonas y recordar a los personajes que nacieron allí es también recorrer una parte importante de la historia de Puno.
Conocida como la Ciudad Rosada, Lampa conserva todavía esa imagen de una ciudad que en otros tiempos tuvo una presencia importante dentro de la vida económica, social y cultural del altiplano. Su ubicación la convirtió durante muchos años en parte de las rutas que articulaban diferentes espacios del sur peruano. Con el paso del tiempo, sin embargo, la aparición de nuevos ejes de transporte y comercio fue modificando la importancia relativa de las antiguas ciudades puneñas.
Uno de esos grandes cambios estuvo relacionado con el desarrollo del ferrocarril en el altiplano durante el siglo XIX. La expansión ferroviaria permitió conectar Puno con otras regiones y facilitó el transporte de mercancías, minerales y productos agrícolas, transformando profundamente la dinámica económica regional. Investigaciones sobre la historia ferroviaria puneña muestran que este proceso produjo importantes cambios sociales y económicos, aunque sus beneficios no se distribuyeron de manera uniforme entre todas las localidades.
Con el crecimiento de otros centros articulados directamente al ferrocarril, especialmente Juliaca, las antiguas rutas comerciales fueron cambiando. La llegada del tren a Juliaca en 1873 fue uno de los factores que posteriormente contribuyeron a convertirla en uno de los grandes centros comerciales del departamento.
Pero hablar de Lampa también es hablar de sus grandes personajes.
Enrique Torres Belón, un puneño que dejó huella
Uno de los hijos más recordados de esta tierra fue Enrique Torres Belón, ingeniero y político puneño cuya trayectoria llegó hasta las más altas esferas de la representación nacional.
Fue diputado y posteriormente senador, y el 27 de julio de 1957 fue elegido presidente del Senado de la República, responsabilidad desde la cual participó activamente en la vida política del país. Los registros oficiales del Congreso de la República confirman que ejerció la Presidencia del Senado durante la legislatura de 1957.
Su nombre permanece especialmente unido a Puno. La documentación histórica del Congreso señala que contribuyó a la construcción del estadio de piedra de la ciudad de Puno, infraestructura que posteriormente recibió su nombre en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con nuestra región. Por ello, hasta nuestros días hablamos orgullosamente del Estadio Enrique Torres Belón, uno de los escenarios deportivos más representativos de nuestra ciudad.
Pero su vínculo con Lampa fue también profundo. Una muestra de ello fue la donación de su biblioteca particular, compuesta por aproximadamente 8 000 volúmenes, a la Municipalidad de Lampa. Ese gesto permite comprender que su preocupación no solamente estaba vinculada con las obras materiales, sino también con la educación y la cultura de su tierra.
Lampa también es tierra de artistas
Esta hermosa provincia no solamente ha entregado políticos e intelectuales a nuestra historia. También es tierra de uno de los grandes representantes de la pintura peruana: Víctor Humareda Gallegos, nacido en Lampa el 6 de marzo de 1920.
Humareda desarrolló una obra profundamente personal, vinculada al expresionismo y caracterizada por personajes, ambientes y escenas urbanas que terminaron convirtiéndolo en una de las figuras más singulares de la plástica peruana del siglo XX. La Municipalidad Provincial de Lampa continúa recordándolo como uno de sus hijos ilustres.
Su trayectoria demuestra que desde una pequeña ciudad del altiplano también se puede llegar a ocupar un lugar importante dentro de la historia cultural del Perú.
Una ciudad que guarda nuestros recuerdos
Quizás por eso cada vez que uno llega a Lampa siente algo especial.
Sus calles parecen guardar historias de diferentes generaciones. Allí están los recuerdos de nuestros padres, nuestros abuelos y de tantos puneños que alguna vez llegaron, estudiaron, comerciaron, trabajaron o simplemente pasaron por esta histórica ciudad.
Lampa representa también algo que debemos aprender a valorar mucho más: la memoria de nuestras antiguas ciudades puneñas.
El desarrollo económico no siempre favorece de la misma manera a todos los territorios. Las carreteras, los ferrocarriles, los mercados y posteriormente las nuevas formas de comunicación pueden hacer crecer rápidamente algunas ciudades mientras otras pierden protagonismo. Sin embargo, perder importancia económica nunca debe significar perder nuestra memoria histórica.
Allí está precisamente el enorme valor que hoy puede tener Lampa.
Su arquitectura, sus personajes, su patrimonio religioso, sus tradiciones y su paisaje podrían convertirse cada vez más en herramientas de desarrollo cultural y turístico. Tenemos una responsabilidad con estas ciudades históricas: conocerlas, investigarlas, preservarlas y enseñarlas a las nuevas generaciones.
Porque un pueblo que conoce la historia de su tierra también comprende mejor quién es y hacia dónde quiere avanzar.
Lampa fue importante ayer, continúa siendo importante hoy y debe seguir formando parte del futuro de Puno.
Que nunca olvidemos a nuestros pueblos ni a los hombres y mujeres que ayudaron a construir nuestra historia.
¡Que viva Lampa!
¡Que viva nuestra historia puneña!
¡Que viva Puno!
— Aldo Zanabria
https://orcid.org/0000-0003-3314-8768

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